Jardín en la modernidad

¿Cómo compostar el horror?

A diez días del descubrimiento del campo de reclutamiento, entrenamiento y exterminio, con hornos clandestinos en Teuchitlán, Jalisco.

¿Cómo compostar el horror?

Esa pregunta aparece como alivio buscando caminos y teniendo respuestas claras: con amor, con harto amor.

Al compostar la “basura orgánica”, la neta es que nuestro rol es pequeño… hagamos lo que hagamos, las bacterias, hongos y demás seres se encargan de transformar “la basura” en abono.

Compostar es darnos valor, un título frente a otros (¿y a uno?) de ordenador, cuidador de un proceso que ocurre muy independientemente de nosotros.

Cuando compostamos, los hongos, las bacterias, las larvas nos transforman en alumnos.

Al compostar, nuestra escucha se abre, nuestros sentidos se vuelven disponibles.

Quiero acercarme a la pregunta y quitarle los puntos de interrogación.

Despreguntalizar la pregunta

Temo acercarme a la afirmación, no estoy lista para escribirla.

Es como si quisiera distanciarme del horror, de todas sus capas:

busco un plan de acción
me mantengo ocupada
todo para hacer que ese horror no siga haciendo lo que hace:
horrorizar y develar más conexiones con más horror

Noto mis gestos modernos para limpiar, ordenar, expiarme, conservar lo hermoso

La vida existe

El horror también

¿¡Cómo!?

Es como si no pudiera/no quisiera creerlo

Recuerdo que algunas recetas de abono usan huesos calcinados para su elaboración.

Al parecer, los huesos pueden durar años en la pila de compost, calcinarlos usando otro combustible como madera o conos de pino, facilita su reincorporación al suelo.

Tenemos prisa

Tenemos prisa en que las cosas sigan su ciclo

Tengo prisa en que el horror se vaya y la vida recupere el terreno que está perdiendo.

Hoy se cumplen 5 años del inicio de la pandemia en esta ciudad.

La pandemia me enseñó muchas cosas, entre ellas, EL PARAR.

AL PARAR nos hicimos preguntas, mi compañero y yo, vimos nuestro privilegio, nos volvimos alumnos y asumimos que improvisábamos.

No nos gusta ver nuestros gestos como improvisación

¡Cuánta arrogancia nos atraviesa!

Compostar el horror

Hacerlo nos me pone en el lugar de la alumna
El horror existe, y está
El horror está
PARAR
El horror sigue siendo
PARAR
El horror sigue – siento
Quiero andar: ¡No tiene sentido!
Las aves cantan
Las semillas son dispersadas
El viento sopla
El viento sopla
Ehécatl sopla
Escuchar
PARAR
Los motores siguen – escucho
PARAR
Un nudo en la garganta me hacer ver que hay mucho por decir
Los motores siguen
Las empresas siguen
El dinero mueve
La escasez moviliza
PARAR
.
.
.
PARAR
¡PARAR!
¡¡PARAR!!
Siento – siento el agua caliente subir a los ojos
¿Es la rabia?
¡ALTO!
Un grito, una demanda, la rabia: “¡ALTO!”

¡Qué arrogante soy!

Busco calmar el pánico de parar

“Todo va a colapsar si paro
Nada se va a hacer
¿Cómo viviremos si paramos?”

con una explicación:

“Parar para abrir la escucha
Parar para sentir
Parar para dejar aparecer
Parar para dejar aparecer a los maestros
Parar para dejar aparecer a los dioses
Pararparaparapapararapara
Para”

¿Es posible parar sin rigidizar?

El horror me rigidiza y también me colapsa

“[Ehécatl] es uno de los dioses principales de la creación y héroe cultural en las mitologías de creación del mundo. Su aliento inicia el movimiento del Sol, anuncia y hace a un lado a la lluvia. Trae vida a lo que está inerte. Se enamoró de una muchacha humana llamada Mayah, y le dio a la humanidad la habilidad de amar para que el pudiera corresponderle su pasión y también la habilidad de volar para poder alcanzarlo. Su amor fue simbolizado con un hermoso árbol, el cual crece en el lugar en el que llegó a la tierra.” (ref. Wikipedia)

Parar no es ausencia de movimiento:

No todo movimiento lo origino yo.

Let’s hum

Hummm	hummmm	hummm
Hummm hummm hummm
Hummm hummm
Hummm

This is an ancient technology